Editoriales

Hace poco, en una reunión, un cliente que tiene una PyMe de servicios me tiró una frase que me quedó dando vueltas: "¿No que la economía estaba mejor? Porque yo no lo veo ni en las ventas ni en la gente que puedo contratar". Y la verdad es que tiene razón en desconfiar. Porque los datos macro y la experiencia cotidiana de un empleador vienen contando, últimamente, dos historias distintas.
Hoy quiero cruzar dos cosas que solemos leer por separado: la macroeconomía, que efectivamente mejoró, y el mercado de trabajo, que todavía no la está siguiendo al mismo ritmo. Vamos por partes.
La macro que mejora
Empecemos por lo que está bien, porque lo está. Después del derrumbe del 9,9% en 2020 por la pandemia, la economía argentina tuvo un rebote fuerte en 2021 (+10,3%) y siguió creciendo en 2022 (+5,2%). Ahí se cortó la racha: dos años de recesión, 2023 y 2024, con caídas del 1,6% y el 1,3%. Pero en 2025 la actividad volvió a crecer 4,4% en el año completo, superando por primera vez el nivel de 2022, y el primer trimestre de 2026 —el último dato disponible— mostró otra suba, del 2,3% interanual.
Del lado de los precios la mejora es todavía más marcada. La inflación anual pasó de un pico del 211,4% en 2023 a 117,8% en 2024, y se desplomó a 31,5% en 2025. Hoy, con el dato de julio de 2026, la inflación interanual es del 33,8%: sigue siendo alta para cualquier país normal, pero no tiene nada que ver con los tres dígitos de hace apenas dos años. El combo, entonces, es real: más actividad y muchísima menos inflación. La pregunta que me interesa hoy es qué pasó, en paralelo, con el trabajo.
Un empleo que crece, pero cambia de forma
Acá aparece la primera grieta entre la macro y lo que se vive en el día a día de una PyMe. El empleo total registrado ronda los 12,8 millones de personas y viene cayendo en términos interanuales, arrastrado por los asalariados privados y el empleo público. La única categoría que no para de crecer es el monotributo: hoy hay 2,2 millones de monotributistas en el país, uno de cada cinco aportantes del sistema previsional, contra menos de uno de cada diez en 1998, cuando se creó el régimen.
Entre diciembre de 2023 y abril de 2026, mientras el empleo asalariado privado perdía 255.600 puestos y el público 106.700, el monotributo sumó 150.200 inscriptos: fue la única modalidad laboral que creció de manera sostenida en todo ese período, incluso con la economía repuntando en 2025. Y esto no es sólo un tema de cantidad, sino de calidad: un monotributista aporta en promedio 19.215 pesos por mes al sistema previsional, contra 187.098 pesos de un asalariado registrado, con una alícuota jubilatoria de apenas el 1,1% contra el 11,2% del asalariado. Es trabajo formal, sí, pero con mucha menos cobertura y mucho menos aporte a futuro.
La desocupación que no cede al ritmo esperado
Si la macro mejora, uno esperaría que el desempleo bajara con ella. Y en parte pasó, pero no del todo. La desocupación había tocado en el cuarto trimestre de 2023 el piso más bajo de toda la serie histórica del INDEC, que arranca en 2004: 5,7%. Con el ajuste de 2024 subió a 7,7%, y desde entonces quedó dando vueltas en una banda de entre 6,4% y 7,9%, sin volver a acercarse a ese mínimo. El dato más reciente, del primer trimestre de 2026, marcó 7,8%: más de dos puntos por encima del mejor momento de 2023, a pesar de que la economía ya lleva varios trimestres creciendo de nuevo.
Los sueldos de convenio, todavía perdiendo
Y el tercer termómetro, el que más se siente en el bolsillo, es el poder de compra del salario. Con la inflación interanual en 33,8%, el índice de salarios del INDEC muestra que en los últimos doce meses el salario privado registrado subió 29,3% y el del sector público 27,4%: los dos por debajo de la inflación. Un relevamiento de la Secretaría de Trabajo sobre 27 convenios colectivos encontró que sólo 5 de esos 27 empataron o le ganaron a la inflación del último año. Es decir que, incluso con los precios subiendo mucho menos que antes, la mayoría de los trabajadores en relación de dependencia sigue perdiendo poder adquisitivo.
Lo que le digo a mis clientes
Cuando un empresario me pregunta si ya es momento de contratar en blanco, de invertir en estructura o de esperar un poco más, la respuesta honesta es que la macro dio señales de largada, pero el mercado laboral todavía no confirmó la carrera. Crecer y bajar la inflación son condiciones necesarias, no suficientes. Para una PyMe esto se traduce en una recomendación concreta: planificar la incorporación de personal con los números en la mano, sin apurarse por el clima general ni frenarse sólo por el miedo, y mirar de cerca los propios indicadores de rentabilidad y demanda antes de tomar decisiones basadas únicamente en el titular del día.
Porque, como venimos viendo mes a mes, en la Argentina la macro y el bolsillo no siempre caminan al mismo paso. Y esa distancia, mientras dure, es la que hay que gestionar.
¡Gracias por leer!

